El cuadro de corchos ha muerto, pero el vino, sigue muy vivo
Por: Eduardo Antonio Rodríguez armando
No es sólo el vino, es una aversión al alcohol en general.
Cuando llegué a Dinamarca, hace poco más de una década, el vino inundaba las mesas y calles de Copenhague, además de los anaqueles de madera en sótanos y paredes de los daneses y sus supermercados.
Era normal ver en alguna que otra vivienda un cuadro destinado a pegar los corchos de la botella que se tomaba con la visita.
Hoy eso ha prácticamente desaparecido.
Y no es una ilusión mía. Esta generación es, objetivamente, más "sensible" en cuanto a consumo de alcohol se refiere. Cuando llegué en 2014, el consumo medio en Dinamarca rondaba los 10.4 litros de alcohol puro por persona al año.
Hoy, esa cifra ya está por debajo de los 9 litros. En términos porcentuales es una caída real y significativa, casi 20%.
Este cambio cultural se nota sobre todo en los jóvenes. Cuando asisto a la Universidad de Copenhague escucho en algunas oportunidades la palabra "sober curious". ¿De que va esto? personalmente no lo sé, más allá de lo que Google me dice no encuentro en mí la capacidad de abrazar y asimilar una idea de la "curiosidad por la sobriedad" pero no niego que todo esté tipo de fenómenos los encuentro interesantes.
Lo cierto es que los pasillos de los supermercados daneses como Føtex o Netto, ahora están llenos de cervezas, vinos y "ginebras" 0,0%, algo que hubiera sido un chiste de ciencia ficción hace diez años.
Por eso, una anécdota que siempre encuentro común es que aunque sigue siendo frecuente tener el detalle de llevar una botella de vino al visitar a alguien, difícilmente esa botella se vaya a consumir. Este gesto se ha convertido en un ritual, no en la invitación a compartirla qué significaba hace una década.
Sin embargo, como todo en la vida, ante lo que parece determinante aparece "lo paradójico". Posterior al masivo flujo migratorio proveniente de Ucrania, he comenzado a ver nuevamente un incremento en el consumo de vino en las calles.
Al acercarme y reconocer su idioma, me he fijado de que quién lo consume es mayoritariamente la población joven ucraniana, que seguramente fungira como promotora del hábito en una generación de jóvenes daneses marcados por el aislamiento de la pandemia, con tres años "desmemoriados" de la experiencia de ser un jóven danés.
Supongo que la explicación de este "resurgimiento" del vino es puramente económica. En este país una cerveza te puede costar fácilmente 70 coronas en una discoteca (más de 10€), entonces la matemática es simple. Una botella de vino de calidad decente en el supermercado te cuesta 50 coronas.
Viendo el costo-beneficio del vino como promotor de una embriaguez controlada y económica, creo que los jóvenes lo han comenzado a abrazar como su sponsor oficial en esta época de crisis económica.
Así que, ciertamente, estamos ante una generación de adultos y jóvenes que animadversan al alcohol como catalizador social y hábito de vida, pero que, a la hora de chequear la billetera y enfrentar la austeridad de los bolsillos, no le hacen ascos al "bag-in-box" en la plaza del ayuntamiento o en cualquier parque de Copenhague.
Finalmente, me permito afirmar que si bien es cierto que el cuadro de corchos de las casas ha muerto, el vino, a su manera de Ave Fenix, seguirá resurgiendo de las cenizas del "sober curiosity".
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