El reloj que llora y la chicha que cura: secretos de la UCV que no conocías.

El reloj que llora y la chicha que cura: secretos de la UCV que no conocías
Por Eduardo Antonio Rodriguez Armando 
Imagen propiedad del autor. Eduardo Antonio Rodriguez Armando 

El reloj que llora y la chicha que cura: secretos de la UCV que no conocías

Por un servidor que tiene el interés de presentar lo ordinario desde su ángulo extraordinario…

UCV: Un campus lleno de historia viva

Si nunca has paseado por la Universidad Central de Venezuela (UCV), permíteme decirte que te falta conocer una joya de Caracas. Y si has ido, pero jamás te detuviste bajo el reloj del Rectorado o probaste una chicha bien fría del carrito del Chichero, entonces no viviste la experiencia ucevista.

Dos íconos sencillos; un reloj y un carrito de chicha; guardan más historia y anécdotas que muchos libros. 

El reloj que marca... y que llora
Extracto toma dron de @majin por Eduardo Antonio Rodriguez Armando 

Ubicado en lo alto de la Torre del Rectorado, el reloj fue diseñado por el maestro Carlos Raúl Villanueva junto al ingeniero Juan Otaola Paván, e inaugurado en 1953. La estructura de 25 metros, con sus tres columnas helicoidales, simboliza el arte, la arquitectura y la academia.

Este reloj no solo marca la hora. Dicen los estudiantes, los profesores, los vigilantes y hasta los chicheros, que llora.

¿Por qué se dice que llora el reloj?

Entre narrativas propias de la memoria colectiva de la Universidad, sse dice que cada vez que la universidad sufre, el reloj del rectorado parece detenerse, como en señal de luto o dolor, entre los ejemplos más citados:

16 de agosto de 1975: se paró al fallecer el arquitecto Carlos Raúl Villanueva, la principal mente que concibió la Ciudad Universitaria de Caracas. 

27 de febrero de 1989 – El Caracazo: se apagó entre disparos, saqueos y un país quebrado.

12 de Febrero de 2014: el tic-tac se interrumpió, como si Caracas misma contuviera el aliento, al fallecer tres jóvenes en las protestas estudiantiles (Bassil Da Costa, Robert Redman, Carlos Moreno y Conan Quintana) 

2017 – Protestas estudiantiles: gases lacrimógenos entraban por Trabajo Social y el reloj se detuvo… otra vez.

La leyenda dice que su primera pausa significativa ocurrió a las 12:04 p.m., en los años 60, durante una protesta que terminó con la muerte de un estudiante. Desde entonces, cada vez que se detiene, muchos dicen que la universidad llora en silencio.

La chicha que cura el alma y el cuerpo
Imagen rescatada de X/ @VivaLaUCV
A solo metros del reloj, bajo un toldito modesto, se encuentra uno de los grandes patrimonios no escritos de la UCV: el carrito de chicha.

Todo comenzó en los años 50 con Juan de Mata Urbina y Carlos Escalona, quienes vendían chicha a los obreros que construían la Ciudad Universitaria. Obtuvieron un permiso del Consejo Universitario y montaron su carrito donde sigue hasta hoy.

Actualmente, William Escalona, hijo de Carlos, sigue con la tradición, sirviendo vasos de chicha desde las 6:15 a.m.

"A las tres de la mañana ya estoy en pie preparando la chicha – con el arroz previamente cocido – y llego aquí a las 6:15 o 6:20. A esa hora ya se vende chicha a la gente que viene saliendo del hospital, los médicos, los pensionados, los muchachos…"

Chicha que “cura” 

Más allá del sabor, esta bebida tradicional tiene propiedades que casi rozan lo milagroso:

La familia Escalona afirma agregar un ingrediente secreto del cual afirman es rico en antioxidantes, combate el envejecimiento e incluso ayuda a regular el azúcar en sangre. Son numerosas las personas que vienen buscando chicha para mejorarse de osteoporosis, artritis, acidez estomacal, úlceras; entre muchas otras enfermedades.

Es este ingrediente "secreto" el que la convierte en “el desayuno y hasta almuerzo líquido de obreros, deportistas, profesores y estudiantes; pero especialmente de los jubilados de la Universidad”.

Y por supuesto, para los estudiantes no hay receta mejor para el guayabo, el estrés pre-parcial, o un día caluroso que una chicha.

Pero su verdadero ingrediente secreto, dice Escalona, es el mismo de toda buena tradición venezolana: el cariño.

Cuando Gabo probó la chicha
imagen  propiedad de Eduardo Antonio Rodriguez Armando 

En una de sus visitas a Caracas, Gabriel García Márquez ofreció una conferencia en la Facultad de Humanidades. Alguien le habló del famoso carrito de chicha junto al reloj. Y allá fue, sin pompa ni protocolo.

Pidió un vaso grande, lo probó, y según quienes lo oyeron, dijo: “Esto está mejor que el arroz con leche de Aracataca.”

Desde ese día, cuentan que mencionó esa chicha cada vez que hablaba de Caracas. La chicha del Chichero se ganó el corazón de un Nobel.

Hoy, el reloj del Rectorado sigue en pie, dando la hora y marcando la historia. Y el chichero, ahora en manos de una nueva generación, sigue sirviendo su brebaje bendito, con leche, canela y memoria.

Porque al final, lo que hace grande a una universidad no son solo los títulos colgados en la pared. Son esas pequeñas cosas que se vuelven eternas, un reloj que ha llorado con la historia del país, y una chicha que lo ha endulzado todo.

Y como diría yo parafraseando al inolvidable Oscar Yanez, con humildad y un guiño de ojo: así son las cosas.

Eduardo Antonio Rodriguez Armando 
https://metalineas.blogspot.com/2025/04/el-reloj-que-llora-y-la-chicha-que-cura.html?m=1

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