TRUMP 2025: PUNTO DE NO RETORNO.
TRUMP 2025: PUNTO DE NO RETORNO
Un hombre que proclama con absoluta convicción que el destino de su nación es tan grande que debe abarcar fronteras, recuperar territorios simbólicos, redefinir nociones de género y apuntar hacia la colonización de otros planetas. Así fué la investidura de Donald Trump este 20 de enero de 2025, en el que asumió como el 47º presidente de los Estados Unidos.
Su discurso, aún con tintes de grandilocuencia, pronostica una metamorfosis no solo de EEUU, sino del mundo entero. Retoricamente giró sin temores en torno a la libertad, la soberanía y un rechazo abierto a los valores que sostienen el ideal del comunismo y el progresismo mundial, priorizando la expansión de un nuevo sentido patriótico abiertamente imperialista, y la defensa de la identidad estadounidense.
Hubo gran incertidumbre sobre como Trump abordaría ( u omitiría) los momentos de conmoción que vivió Estados Unidos tras el asalto al Capitolio en enero de 2021, cuando la nación se vio zarandeada por imágenes que algunos calificaron de anarquismo y otros de legítimo reclamo.
Aunque en su discurso actual Trump no mencionó explícitamente aquellos eventos, reconfortó a todos al afirmar que: “Nunca más se utilizará el inmenso poder del Estado como arma para perseguir a los oponentes políticos, algo de lo que sé algo.” Esta cita cobra relevancia porque pareciera una promesa de que no habrá otra jornada que sacuda los cimientos de la democracia de la manera en que sucedió años atrás; y desde allí debemos entender el enfoque y la madurez política que desea proyectar este Trump 2.0.
Por otra parte, Trump no dejo cabo suelto de su primer mandato y retomó su perspectiva frente a la pandemia de COVID-19, apareciendo con un claro ánimo de reivindicación. Con un tono desafiante declaró: “Esta semana, reincorporaré a todos los miembros del servicio que fueron expulsados injustamente de nuestros ejércitos por oponerse al mandato de la vacuna covid con el pago retroactivo completo.” Dicho compromiso habla mucho de lo que veremos a corto plazo; un entramado consecutivo de acciones inmediatas que se teje con la idea de liberar al país de lo que él considera constricciones gubernamentales excesivas.
La retórica de lo que pareciera ser un nuevo Trump menos "showman" y más maduro en lo político; alcanza también terrenos delicados en su empeño de demostrar poder y de implicar a terceros países en su plan. En relación a la política exterior y los conflictos, a muchos nos sorprendió que Trump afirmara su deseo de tomar un papel de mediador y pacificador: “El legado del que me sentiré más orgulloso será el de pacificador y unificador.”
En este mismo hilo, subrayó un logro que ya comenzaría a evidenciar su deseo de demostrar su capacidad de negociación: “Me complace decir que desde ayer, un día antes de asumir el cargo, los rehenes de Oriente Próximo vuelven a casa con sus familias.” Al culminar esta frase fué histórico ver cómo Biden y Kamala Harris se pararon a aplaudirlo.
Este tono de “pacificador” se extiende a su propia historia personal. Trump relató un episodio digno de una novela de terror, y con un estilo digno de cualquier capítulo del influencer venezolano 'Dross': “Hace solo unos meses, en un hermoso campo de Pensilvania, la bala de un asesino me atravesó la oreja.” y prosiguió con un tono de suspenso que se fue elevando para resaltar la inquietante certeza de que “Dios me salvó para hacer a Estados Unidos grande de nuevo.”
Ante este escenario, uno se imagina a un personaje kafkiano que, habiendo sobrevivido a un atentado que aún parece inexplicable, vuelve más resuelto que nunca a instaurar una especie de orden superior. Sin embargo, la paradoja radica en que, lejos de mostrarse perturbado, Trump abrazó y enarboló ese suceso como un símbolo de una misión divina para refundar la nación y devolver la paz al mundo.
En líneas generales, y quitando las licencias 'poéticas', el discurso se articuló en torno a la soberanía nacional de EEUU con férrea intransigencia hacia la inmigración ilegal. En este sentido, Trump afirmó categórico: “Se detendrá inmediatamente toda entrada ilegal, y comenzaremos el proceso de devolver a millones y millones de extranjeros criminales a los lugares de donde vinieron.”
La propuesta suena maximalista, casi como un grandioso mecanismo de expulsión masiva que reconfigurará ciudades, sectores laborales y, sobre todo, las relaciones con países vecinos. Pero ya de esto tuvimos mucho en su primer mandato, y las acciones no acompañaron el discurso. ¿Cambiará algo en esta oportunidad?
A esto se suma la dimensión de lo que llama “emergencia nacional en la frontera sur,” enfatizando así la tesis de un país que vuelve a blindarse.
Asimismo, Trump anuncia la ofensiva energética: “Vamos a perforar, baby, a perforar.” Este grito de batalla, tan típico de la cosmovisión “Trumpiana”, anticipa la revitalización de la industria petrolera y gasífera. Y en esa misma línea, en lo que a la cuestión ambiental se refiere, sentencia: “Con mis acciones hoy pondremos fin al Green New Deal.”
El mensaje es claro: priorizar la energía fósil para alcanzar la independencia y abundancia que, a juicio del presidente, harán a Estados Unidos “más rico que nunca.”
Pero no todo se queda en territorio nacional. En el plano exterior, hay un tema que suena particularmente emblemático por lo que implica en historia y símbolos: el Canal de Panamá. Su denuncia adquiere tintes dramáticos: “Y sobre todo, China está operando el Canal de Panamá. Y nosotros no se lo dimos a China.” y, añade: “Se lo dimos a Panamá y vamos a recuperarlo.”
Esta proyección de poder rescata sin duda, las demandas del viejo anhelo de muchos sectores conservadores de controlar la soberanía del canal, argumentando que el traspaso a Panamá fue un error garrafal y que el manejo actual (en el que China tiene alta participación) equivale a una afrenta a la grandeza estadounidense.
A lo largo del discurso, la exaltación del carácter nacional fue acompañada de un decidido repudio a los ideales que sustentan el comunismo mundial.
Trump no deja ambigüedades: su plan es combatir la supuesta expansión de regímenes autoritarios y centralizados que, según su visión, ponen en riesgo las libertades individuales. En ese sentido, uno podría preguntarse qué implicaciones tendrá para regiones como Europa o Asia, donde movimientos progresistas y posturas globalistas cada vez reciben más aceptación, y acceden a espacios de poder y gobernanza.
Y, desde luego, el caso Venezuela, donde Nicolás Maduro permanece enroscado en el poder, surge como un foco de tensión que, quizá, la nueva administración promete abordar con la misma firmeza. Con un gobierno que anuncia la clasificación de los cárteles (incluyendo organizaciones como la banda transnacional Tren de Aragua) como entidades terroristas, no resulta descabellado pensar que la presión y los recursos necesarios se extienda también a reinstaurar el hilo democrático en ese país, cuya importancia geoestratégica es vital en el área de influencia de los Estados Unidos.
Reforzando el perfil de patriota incansable, Trump insiste en el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas: “Como Comandante en Jefe, no tengo mayor responsabilidad que defender a nuestro país de amenazas e invasiones, y eso es exactamente lo que voy a hacer.”
Sin embargo, su visión del ejército no se limita a la fuerza bruta. Aclara: “El legado del que me sentiré más orgulloso será el de pacificador y unificador.” Y, para enfatizar su vocación disuasoria, añade que medirá el éxito “por las batallas que ganemos,” pero también “por las guerras en las que nunca nos metamos.” Pareciera contradecir la agresividad con la que se plantea actuar en ciertos frentes, pero como buen orador, matiza cada promesa de firmeza con la noción o el argumento de que la paz radicará en la culminación del poder mal administrado.
Por otra parte, no sorprende que Trump volviera a resaltar su rol mesiánico, asegurando que su retorno marca el fin de la decadencia: “A partir de este momento, el declive de América ha terminado.” Esta frase (una de las más directas) enlaza con otra contundente: “El 20 de enero de 2025 es el Día de la Liberación.”
Observar el auditorio aplaudirlo con firmeza, incluyendo a los representantes demócratas, describiría quizá un escenario en el que la burocracia se inclina con resignación ante la voluntad de un líder que, con un sello y unas pocas palabras, promete reescribir las leyes y reorganizar las instituciones. Hay un matiz de irrealidad, como si las transformaciones prometidas pudieran ejecutarse con facilidad tan pronto la tinta de su firma se seque sobre el papel oficial.
Otra pieza central es su determinación de volver a definir el rol del gobierno frente a la diversidad de identidades. Trump se muestra tajante: “Esta semana también pondré fin a la política gubernamental de tratar de imponer socialmente la raza y el género en todos los aspectos de la vida pública y privada.” Y, aún más, estipula una doctrina incuestionable: “A partir de hoy, la política oficial del Gobierno de Estados Unidos será que solo hay dos géneros, masculino y femenino.” El impacto de tal declaración en los movimientos progresistas, que abogan por el reconocimiento de las identidades no binarias y transexuales, será profundo. Cabría preguntarse si esta orden ejecutiva resistirá el escrutinio de los tribunales o si generará una oleada de protestas en los próximos meses.
La visión expansionista de Trump remite también a la exploración espacial, y esto sin duda asoma el papel que tendría Elon Musk en su administración: “Estados Unidos volverá a considerarse una nación en crecimiento... y perseguiremos nuestro destino manifiesto hacia las estrellas, viendo a los astronautas estadounidenses plantar las barras y estrellas en el planeta Marte.”
Luego de escuchar esto, uno puede trazar un paralelo con cierto aire surrealista, una puerta que se abre a lo desconocido, una promesa de trascendencia, de dar un salto literal más allá de la Tierra. Esta mirada al espacio, plantea una curiosa paradoja: Una nación, que por un lado, pretende cerrarse a la inmigración; por el otro, aspira a expandirse hacia el cosmos.
En la vorágine del discurso, Trump señala nuevamente la paz como fin y no como medio: “Nos moveremos con determinación y rapidez para devolver la esperanza, la prosperidad, la seguridad y la paz a los ciudadanos de todas las razas, religiones, colores y credos.” Aquí Trump pareciera invitar a la conciliación de los ciudadanos en USA, a un renacimiento de corte patriótico que no discrimine —al menos en términos de credos o razas—, aunque el tema de la frontera y de la identidad de género parezca contradecir esta apertura. Sin embargo, él parece convencido de que dichas restricciones no son una forma de discriminación sino de reafirmar la esencia y el orgullo de ser estadounidense; o el Proyecto MAGA.
Su nuevo gobierno, comenzó con promesas de reducir impuestos a los ciudadanos estadounidenses y subirlos a otras naciones, buscando darle un giro radical a las relaciones comerciales. Trump habla de establecer un mecanismo mediante el cual se apliquen aranceles y gravámenes agresivos a países que, en su opinión, se han beneficiado de la “ingenuidad” estadounidense durante demasiado tiempo. Eso plantea un choque inevitable con los intereses de países de Europa, China y otras regiones que dependen del comercio con Estados Unidos.
No cabe duda de que su perspectiva se inclinaría hacia el proteccionismo, reforzando la idea de un sistema aislacionista o, al menos, muy centrado en el interés y consumo interno y en su área de influencia.
Luego de esto, Trump cerró su discurso con una declaración prácticamente programática, casi metafísica: “El futuro es nuestro y nuestra edad de oro acaba de empezar.”
Uno siente que esas palabras podrían figurar a la perfección en el frontispicio de un enorme edificio gubernamental, en mayúsculas, recordando a cada ciudadano su papel en la historia que se está a punto de escribir. Pero escribir algo es mucho más fácil que hacerlo realidad
En conclusión, el discurso de Donald Trump se presentó como un compendio de promesas cargadas de simbolismo y potencia política. Con un estilo mucho más firme y equilibrado que en su primer mandato, el presidente Trump proyecta una gestión con visión libertaria y anticomunista en la que el individuo y la nación prevalecen por encima de las consideraciones globalistas.
Trump reafirma que protegerá las fronteras, impulsará la independencia energética y reforzará la identidad tradicional de Estados Unidos, aun cuando ello suponga entrar en colisión con los movimientos progresistas. La proclamación de recuperar el Golfo de México —rebautizándolo como “golfo de América”— y el Canal de Panamá evocan recuerdos de un pasado imperial y apuntan a un futuro expansionista, quizás como contrapago geopolítico del probable visto bueno a qué Rusia quede con parte de Ucrania como cese del fin del conflicto armado.
Al mismo tiempo, el anuncio de subir impuestos a países extranjeros mientras se alivian a los ciudadanos estadounidenses puede alterar el equilibro comercial mundial.
Se abre ahora una etapa cuyo desenlace no deja de ser incierto. Muchos se preguntan cuál será la respuesta de Europa, Groenlandia, China o Venezuela, donde Nicolás Maduro parece nuevamente enroscado en el poder.
Incluso, dentro de la misma nación norteamericana, las tensiones con grupos delictivos internacionales como el Tren de Aragua podrían intensificarse con la política de “tolerancia cero.”
Lo que sí parece seguro es que este segundo asalto de Trump a la Casa Blanca, envuelto en su narrativa de pacificación y grandeza, dará de qué hablar. De momento, la consigna para él y sus seguidores fué clara: la Edad de Oro está aquí y no se detendrá ante ningún obstáculo para aprovechar las oportunidades para consagrarla.
En resúmen, considero que estás fueron las frases más destacadas del discurso de Donald Trump; lealas y saque usted sus conclusiones:
1. “Esta semana, reincorporaré a todos los miembros del servicio que fueron expulsados injustamente…”
2. “Nunca más se utilizará el inmenso poder del Estado como arma para perseguir a los oponentes políticos…”
3. “Me complace decir que desde ayer, un día antes de asumir el cargo, los rehenes de Oriente Próximo vuelven a casa…”
4. “El legado del que me sentiré más orgulloso será el de pacificador y unificador.”
5. “Como Comandante en Jefe, no tengo mayor responsabilidad que defender a nuestro país de amenazas…”
6. “Se detendrá inmediatamente toda entrada ilegal, y comenzaremos el proceso de devolver a millones y millones…”
7. “Vamos a perforar, baby, a perforar.”
8. “Con mis acciones hoy pondremos fin al Green New Deal.”
9. “Pondré fin a la práctica de captura y liberación, y enviaré tropas a la frontera sur…”
10. “Y sobre todo, China está operando el Canal de Panamá. Y nosotros no se lo dimos a China.”
11. “Se lo dimos a Panamá y vamos a recuperarlo.”
12. “Nos moveremos con determinación y rapidez para devolver la esperanza…”
13. “Nunca más se utilizará el inmenso poder del Estado como arma…”
14. “A partir de este momento, el declive de América ha terminado.”
15. “Esta semana también pondré fin a la política gubernamental de tratar de imponer socialmente la raza…”
16. “A partir de hoy, la política oficial del Gobierno de Estados Unidos será que solo hay dos géneros…”
17. “He aprendido mucho por el camino. El viaje para recuperar nuestra república no ha sido fácil.”
18. “Hace solo unos meses, en un hermoso campo de Pensilvania, la bala de un asesino me atravesó la oreja.”
19. “Dios me salvó para hacer a Estados Unidos grande de nuevo.”
20. “El 20 de enero de 2025 es el Día de la Liberación.”
21. “El futuro es nuestro y nuestra edad de oro acaba de empezar.”
Por Eduardo Antonio Rodriguez Armando
(Facebook Eduardo Rodriguez Dk)
Comentarios
Publicar un comentario